Hay películas de las que uno oyó hablar mil veces, pero nunca vio. Esta semana me di el gusto con dos, una que conocía perfectamente la historia (y hasta secuencias) y la otra que solo conocía de nombre. La primera quizás esté entre las películas más conocidas por todo el mundo, una de más referenciadas y citadas, me refiero a Casablanca (1942). Saber tanto de la película de antemano creo que terminó jugando en contra a la hora de sumergirme en la trama. Sin embargo la escena de los himnos sigue teniendo una potencia increíble. Cabe destacar la película tiene un ritmo mucho más movido que el que uno espera, en ningún momento la trama se cae ni se queda en el lamento de los personajes (que de por sí ya es mucho). La película cuyo tema me era ignoto es Doctor Zhivago (1965). El siguiente film de David Lean luego de haber realizado Lawrence de Arabia (1962). La película mantiene el interés recorriendo toda la vida de Zhivago, poeta y doctor cuya vida se vio marcada por la revolución rusa sin ser necesariamente participe de ella. Da la sensación al verla que es la transposición de una novela (lo es, claro), me refiero a que no podría ser de otra forma, pero tiene su vuelta cinematográfica haciendo hincapié en un elemento que se repite (incluso con su leit motiv) y que remite siempre a su infancia, a su origen, algo que la revolución nunca le podrá destripar.
De ambas películas se encuentran copias excelentes en el sitio Qubit.
Por insistencia de Santiago Calori, una persona a la que sigo mucho por sus gustos y su buena onda (pueden escuchar Hoy Transnoche (podcast) o leerlo en su newletter Miralos Morir), llegué a Lucio Fulci, vi Zombi 2 (1979). Llamada así porque Dawn of the dead (1978) se tituló Zombi en Italia. El film en cuestión tiene momentos increíbles, quizás hoy no sorprenda tanto su gore en el género, pero creo que conserva buenas ideas y nunca está de más volver. Así arranca mi camino por Lucio Fulci, espero retomarlo en breve.
Vi dos películas que se relacionan sin dudarlo, su punto más fuerte es el tema: la comunicación con los platillos voladores a través de sonidos. La primera es recordada siempre con cariño: Encuentros cercanos del tercer tipo (1977). Al verla por fin completa descubrí la referencia de Los Simpsons acerca de la obsesión de Homero con la escuela es de payasos modelando la carpa circense en el puré de papa, imitando lo que le sucede al personaje de Richard Dreyfuss con el cañón donde se dan los encuentros. El otro film está recién salido del horno, se estrenó hace un par de semanas por la plataforma de Amazon Prime. Se trata de la ópera prima de Andrew Patterson: The vast of the night (2019). En ella seguimos de cerca a dos personajes jóvenes en un pueblo mínimo de Nuevo México que se sorprenden con una interferencia radial. La película está situada en los '50 y aquí radica la importancia de lo radial y los aparatos capaces de grabar y reproducir sonidos. Es realmente atrapante y prefiero no contar mucho más.
Me reencontré con el corto Un juego absurdo(2009) gracias a mi amiga Martina Vidret, que le da título a esta entrega. Pertenece a Historias Breves V, el ciclo de cortos producidos por el INCAA que desde fines de los '90 permite que muchos jóvenes cineastas puedan acceder al circuito.
Para ir cerrando: la cuarentena es un gran momento para completar listas y filmografias. En Netflix se pueden encontrar muchas películas del estudio Ghibli. Aproveché para ver La princesa Mononoke(1997). Más que recomendable, sobre todo si gustan las demás películas de Miyazaki. Tocando notas parecidas: la guerra, la naturaleza y el progreso. Incluso los antagonistas están dotados de características positivas.
