Volví a las pantallas grandes no convencionales, es decir, aquellos lugares que no proyectan necesariamente estrenos. El primero se dio en un centro cultural con un proyector y una pantalla desplegable. No importa cuanto tiempo pase, sigo disfrutando Back to the future(1985) como si fuera la primera vez. La misma emoción, la misma tristeza cuando Marty piensa que el Doc se va a morir, la misma alegría cuando logra atravesar la barrera del tiempo para volver a su época.
Sí, la película tiene sus problemas, pero también la hacen única. ¿Si tiene una sola oportunidad para volver a su tiempo, por qué se queda Marty a tocar un tema más si sus padres ya se besaron?
La segunda fue la vuelta a una querida sala en el tercer subsuelo del Centro Cultural San Martin, dentro de un marco dedicado a la filmografía de Billy Wilder. Una que por suerte no había visto y pude disfrutar como corresponde: Testigo de cargo(1957).
Las películas de juicio con vuelta al final funcionan muy bien cuando están bien escritas (en este caso basado en un relato de Agatha Christie). Lo que más me llamó la atención fue la arquitectura del juzgado británico, con sus gradas ensimismadas y un pequeño balcón para testificar.
Hay que inflar bastante la historia para tener un universo cinematográfico de terror. Las historias alrededor de los Warren parecen cumplirlo. Y con el estreno de la tercera parte, me apuré a ver El conjuro 2(2016). Si bien la película no busca reconstruir los hechos al pie de la letra, se las ingenia para no caer en lugares comunes. No abusa de los jumpscares ni de la banda sonora exacerbada.

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