Ahora sí, se ha completado un ciclo, un nuevo BAFICI a llegado a su fin. Más allá de si tuve suerte o no con las películas que llegué a ver, el balance acerca del funcionamiento del festival, me da positivo. Placer enorme de volver a las salas (de todo tipo) por un lado y por el otro la posibilidad de verlas online, permitiéndome un visionado más cómodo de las mismas. A su vez, decidí no estar tanto a las corridas, no me hago tanto problema si no llegué a ver tal o cual película (por más ganas que tuviera). Otros años, el apuro de llenar la rutina de películas resultaba desgastante, donde veía películas con el miedo de no llegar a la siguiente o incluso exigiéndole a mi cuerpo (sobre todo a mi mente) por encima de las horas de sueño perdidas.
Esta semana me clavé con varias películas. De algunas prefiero directamente no hablar, aunque no tengo problema en nombrarlas: 10 palomas(2021) y La vagancia(2021). Otras las acepté como experimentos o ensayos: la comentada Concierto para la batalla de El Tala(2021) -donde fueron más interesantes los debates posteriores- y la función de clausura No va más(2021) protagonizada por el mismo Filippelli (al que prefiero leer que mirar).
Las animadas siguen atrayendo mi atención, tanto el corto Piccolino, una aventura en la ciudad(2020) como el largo Cryptozoo(2021). La primera se mantiene en un registro infantil y amigable, mientras que la segunda resulta muy interesante pero, al menos a mí, la animación por momentos no me permitía entrar.
Gran parte del cine habla de las relaciones humanas, de los vínculos (quizás ya se escribió demasiado al respecto pero lo filmado sigue siendo poco, dado que vemos como siempre se renueva). Podría decir que ese es el único punto en común que tienen El planeta(2021) (relación madre-hija), O livro dos prazeres(2020)(relación de pareja) y Final Exam(2021)(relación entre hermanos). Creo que cada una aporta algo nuevo y, salvo la segunda, cada relación mantiene la misma tensión inicial al terminar el metraje.
Dos cortos más, ambos de la FUC: Varias veces Vanesa(2020) y Chico eléctrico(2021). El primero se inscribe en eso que coloquialmente se ha dado a llamar cineFuc, ya que la historia parece tener un conflicto planchado, un relato intimista y algún que otro capricho. El segundo es una historia más cerrada, donde se planean reglas claras y no parece haber cosas de más. Recuerdo haber visto el corto anterior de la directora en el BAFICI pasado, que si bien pertenecía al grupo cineFu, su narrativa era sincera.
Sin dudas, la película que más llamó mi atención esta semana fue Una casa sin cortinas(2020). Posiblemente porque vive en mí la misma incertidumbre (o aquello que no termina de cuadrar) alrededor de la figura de Isabel Perón. Reúne entrevistas de personas relacionadas con política, gente que ha trabajado para ella y amigos de distintos momentos de su vida, hasta incluso un vecino y creo que ahí rige la riqueza de este documental.
A pesar de haber visto la película de clausura (ya mencionada), mi festival terminó con La estrella roja(2021) una ficción que toma la narrativa típica del documental para contar una historia que no tiene mucho pie ni cabeza. Cualquiera que sea afín al relato documental se dará cuenta enseguida que estos recursos parecen forzados, o incluso a medio camino. No hablo sólo de las entrevistas, sino también de la abismal brecha entre los archivos reales y los producidos para el film.

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