sábado, 11 de julio de 2020

SwaazMeansSchwarzenegger

Los retratos de la adolescencia suelen ser muy variados en el cine. Hay una categoría que me gusta llamar "adolescentes bien" porque considero que son representativos y no un mero estereotipo. Los comienzos de este cine se da (hasta donde sé) con Rebelde sin causa (1955). Pero no voy a hablar de esa película sino de Napoleon Dynamite (2004), que abraza un costado mucho más marginal de la secundaria, donde las ideas son lineales y repetitivas, donde los personajes no demuestran ser más que lo que son, donde tienen vergüenzas y miedos. Creo que en gran medida esto se logra por un buscado registro inexpresivo de los interpretes. 


Cuando salió Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra en 2003 pareció una apuesta arriesgada por revisar un género que parecía muerto unas cuantas décadas. Los mayores recuerdan el cine de aventuras dedicados a los piratas, pero no yo nunca me había adentrado. Decidí empezar por Captian Blood (1935), una historia que parece sacada de la Colección Robin Hood, donde claramente el protagonista (Errol Flynn) es un pirata bueno que fue empujado a una vida vil pero sin embargo conserva su honor (de médico). Debo admitir que la película es cumplidora y entretiene. Cada tanto es lindo sumergirse en el mundo de aventuras y volver a leer/ver esos relatos. 


Esta semana me llegó un recomendación increíble: una película de la nueva ola del cine ugandés catalogado como hiper-violento. La película está completamente accesible en Youtube y se llama Bad Black (2016), una producción de Wakaliwood (Wakaliga es un barrio slum cercano a la capital ugandesa). No solo cae en lugares comunes del cine de acción sino que los revalora mientras recorre la zona, todo acompañado por un comentarista que recuerda a los benshis del cine japonés. 
Esta película es solamente la punta del iceberg de este movimiento. Casi un unipersonal del narrador/directo/productor/guionista/editor y aquí un pequeño regalo de su parte:


Al haber sido criado en compañía de mis abuelos, me son familiares las frases armadas de películas argentinas anteriores a la generación de mis padres. Y creo que por ese lado disfruto películas como Los martes, orquídeas (1941), donde casi todos los diálogos parecen frases hechas. Una muy joven Mirtha Legrand, me animo a decir, sin brillo, es obligada por el mandato familiar a formar pareja y casarse ya que parece la única salida posible. Se destaca Enrique Serrano en el rol del padre como el personaje más divertido (y el que más mueve la trama). 
Se pueden ver dos copias, una en Youtube y la otra en Cinear, ninguna es perfecta, pero la de Cinear se conserva mejor. 


Si bien mi fascinación por el caballero de la noche arrancó de grande, siento que cuando lo veo representado me siento un chico en el mundo de los adultos. Me hubiera gustado ver la serie con Adam West de chico para poder disfrutarla sin prejuicios, intenté hacer el esfuerzo y correrme del lugar esta semana al ver Batman: the movie (1966). Creo que la riqueza del personaje consiste en tener este abanico de facetas y periodos donde siempre se lo aborda de manera distinta (incluso, o sobre todo, en los comics). La película en cuestión parece ser muy autoconsciente del uso que esta haciendo de los personajes (tanto Batman como sus villanos), sin ir más lejos, utiliza el bati-spray anti-tiburones en los primeros cinco minutos de película. 
Con el tiempo tanto la serie como la película han sabido encontrar su lugar en la historia del cruzado encapotado, juntando un gran número de seguidores. Tanto es así que se estrenaron dos películas animadas (con las voces de Adam West y Burt Ward) en los últimos años.


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