En los últimos años hemos tenido un brote (claramente positivo) de cine de terror en la Argentina. Y diría que empezamos a notarlo cada vez en cine de mayor presupuesto. Tanto que podemos encontrar El hijo (2019) en Netflix. La película rápidamente nos recuerda a El bebé de Rosemary (1968) pero desde la perspectiva del padre. Eso si queremos simplificar la trama. Ya que el film introduce muchos más elementos que no termina de desarrollar por completo, desde lo sobre natural hasta relaciones entre personajes. Estos elementos que rozan con lo fantástico y con lo ignoto se pierden una vez que la trama se centra en el conflicto del protagonista por recuperar a su hijo (con todas los obstáculos penales que intervienen). Ciertos personajes creen que lo que pasa en la trama está dentro de la cabeza del protagonista y eso jamás se pone en tela de juicio, el espectador siempre cree en él, en su versión de los hechos.
Otro punto que me parece flojo, y que no tiene que ver puntualmente con esta película pero está, es la sensación de que los hechos no suceden en Buenos Aires. Si bien vemos que el uniforme de la policía se corresponde, las calles y las casas de la partes de la ciudad se mantienen, no hay nada que ate esta película a la cuidad en la que transcurre, tranquilamente podría suceder en cualquier lado y no nos cambiaría para nada la historia. Quizás sea una bajada de línea de la distribuidora (Netflix) o de la concepción de hacer un producto "universal".
En las operas primas se suelen encontrar muchas buenas ideas, es el caso de Palm Springs (2020), un estreno de Hulu que retoma una película (LA película) que es constantemente citada, cuyo concepto principal está incrustado en el inconsciente colectivo. Cada vez que nos encontramos atrapados en la rutina hacemos alusión a El día de la marmota (1993), incluso durante esta cuarentena se la vio replicada en varios memes.
Volviendo a la película que nos compete, que busca ir más allá, aplicando las reglas en vano de la anterior película para intentar "romper el hechizo" en los primeros veinte minutos; sumando más de un personaje dentro del time loop, y de por sí, empezar con el protagonista ya adentro.
La sensación que da al ver estas películas de estructura aparentemente cíclica, es de total satisfacción al decir "aah, probaron todo" y luego de verla, uno comienza a pensar todo lo que podrían haber hecho los personajes o lo que haría uno en esa situación.
Hay un fragmento de mi memoria destinado a las películas que me hicieron ver durante la primaria, en aquella videocasetera que había en la biblioteca. Las considero especialmente formativas, ya que me quedó muy vívida el sentimiento o la intensión de las cintas (magnéticas). Podría decir que todas esas películas estaban al mismo nivel, no importaban los autores, los interpretes, el país de origen ni el año. Lo importante eran los hechos y los procedimientos. Si bien muchas veces eran censuradas ciertas partes, tengo la sensación de que nos hicieron ver contenido adulto que resultó impactante. Y entre aquellas imágenes, una de las que me quedó hasta el día de hoy es la de Héctor Alterio bigotudo y vestido de militar levantando 4 dedos frente a su cara para indicar la cantidad de tiros en el fusilamiento (así como me quedó marcado el fusilamiento de Camila en la película homónima). Ahora, volviendo a ver La patagonia rebelde (1974) después de tantos años saltan a primer plano otras cuestiones de la película. Me resulta raro el brown face y la falta de personajes femeninos en la trama, los diálogos impuestos y una desesperanza total hacia el final de la película. Lo que resulta interesante es que todos los personajes están definidos a partir de la trama y no tienen ningún otro costado o característica que los marque más allá de su rol en la historia.
La copia que se encuentra en Youtube se deja ver pero sería interesante encontrar una mejor versión. En la versión no se llega a apreciar verdaderamente si es Néstor Kirchner quien aparece como extra o no. Voy a tener que averiguarlo.
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