sábado, 4 de julio de 2020

Yo soy el que le lleva el bandoneón a Troilo

Una primera vez complicada, exige revisión. Inherent vice (2014) es un ejemplo perfecto. La vi por primera vez en la premiere, donde una suerte de presentador advirtió al público: "la película es un poco larga y tiene mucha información, presten mucha atención". Debo admitir que aquella vez no la entendí y salí con dolor de cabeza de la sala (incómoda) del Cinema City Gral. Paz. Es cierto que no llamó tanto la atención como para volver a verla lo más rápido posible, con el correr de los días logré digerirla y comprender que había tres líneas de acción en la trama sumado al (digamosle) fantasma con el que dialoga el protagonista. De todos modos, deje pasar un par de años. A los dos años tuvo su merecida revisión (donde se aclararon varias cuestiones) y esta semana se dio el tercer visionado (con la mera excusa de que su director cumplía 50 años). Sigue habiendo relaciones entre personajes que se me escapan. Creo que podría verla varias veces más e igual no me esforzaría por unir todos los cabos. Mi próximo paso antes de volver a verla sería leer la novela en la que está basada.


Las películas basadas en hechos reales parecen irrefutables. Sin embargo, hay un grupo de películas que se proponen contar "la verdadera historia" de los hechos reales, de algún modo contestándole a la otra película o la formación de un mito en sí mismo. De algún modo buscan desmitificar el relato establecido. Togo (2019) viene a contar la historia de los que fueron omitidos en su momento. La historia de Balto, o al menos el nombre, suena conocida, pero en esta película sólo ocupa un rol secundario. Puede resultar grotesca la comparación, pero Togo es el ghost writer de Balto.
Si bien es una película que cae en lugares comunes, y no deja de ser "la película del perro", tiene momentos emocionantes y un gigante Willem Defoe.


De un tiempo a esta parte, los relatos sobre asesinos seriales se han multiplicado. Podíamos fácilmente separarlos en dos grupos, los que tratan de la investigación para encontrarlos o de sus acciones en primera persona. En este segundo grupo encontramos Henry, retrato de un asesino (1986). La crudeza de este film se mantiene intacta, por suerte hoy podemos encontrar su versión completa sin mucho problema. Hecha con poca plata, conoce sus limitaciones y las aprovecha. 


Hay muchos huecos en la historia del cine argentino. El principal factor: la manera de conservar el material fílmico (desinterés de varios sectores). Así como se ha perdido gran parte, hoy es difícil completar filmografías y carreras. A mi entender la batalla más grande hoy por mantener y dar a conocer gran parte de este cine casi ignoto para la gran mayoría, la está dando el Museo del Cine y un grupo reducido de colaboradores entre los que se destaca el coleccionista y divulgador Fernando Martín Peña.
Esta semana pude apreciar Los Chantas (1975) en un DVD que viene con el libro dedicado a José Martínez Suárez que fue editado hace un par de años por el INCAA. En comparación a la copia completa que se encuentra en Youtube, está muy bien. Creo que es una película poco vista (el sitio Letterboxd  da muestra de que las últimas generaciones no la vieron) y merece ser al menos debatida. Cuenta la historia de un tipo perdido en su vida, algo común, pero desde un rincón tanguero y porteño que parece muy característico del momento en que se hizo la película. Comparto el copete del  programa de Peña donde se lo ve  al mismo realizador contar un poco de la producción del film:
https://www.youtube.com/watch?v=JmO0LKEUrbw
Aprovechando que están subidas en el sitio Cinear muchas de las películas de Armando Bo (abuelo) con Isabel Sarli, podemos entrar en otro cine poco revisitado. Una película a la que se le atribuye un diálogo que no tiene (y da cuenta de que no fue vista), el famoso "¿qué pretende usted de mí?" dicho por la Coca. Se trata de Carne (1968), donde Delicia (el personaje de Isabel) es violada por un camionero que la somete a la trata dentro de un camión. Diría que es una película para sufrir, pero no parece estar hecha con ese fin, ya que hasta las escenas más duras están cargadas de erotismo.


Sigo insistiendo con las películas del estudio Ghibli en Netflix, lo que se disfruta volviendo a ver Mi vecino Totoro (1988), realmente luminosa. Para entrar al universo Miyazaki desde pequeños.

Esta semana vi un par de películas más que me quedan fuera de esta entrada, quizás porque no me suscitaron algo para hablar o simplemente no me gustaron (no me da placer criticar negativamente una película). Aunque vi con sumo placer Scarlett Street (1945), pero la charla sobre cine clásico hollywoodense quedará para otra semana.


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