Hay películas argentinas de presupuesto medio que en Buenos Aires generan cierto boca en boca y hay que apurarse para ir a verla al Gaumont (una de las pocas salas donde se estrena luego de su paso por festivales), como sucede en la vorágine del día a día me quedo con muchos de estos estrenos sin ver. Y si bien no es lo mismo, esperando uno o dos años (con toda la suerte a mi favor), la película que me perdí aparece en Cinear. Tal es el caso que esta semana logré ver El motoarrebatador (2018), la película tucumana de Agustín Toscano. Toca varios puntos interesantes alrededor de un ladrón que se arrepiente, y queda en el espectador perdonar o no. Vemos todo su recorrido en busca de redención tratando de dejar su pasado atrás (pasado que intenta ocultar constantemente). Pero, como sucedía en las películas del Hollywood clásico, esa redención solo va a llegar una vez que se cumpla la condena.
Últimamente las biografías vienen mejorando (que generalista y positivo que estoy), se centran en un momento clave de la persona retratada, que los defina o que demuestre la imagen que tenemos previa. Ya no se encargan de retratar toda su vida, con pormenores y altibajos. La típica escena de la niñez y su último respiro. El caso de esta semana pertenece al primer grupo y no resulta tan cuadrada. Se trata de la reciente Shirley (2020) sobre la escritora Shirley Jackson interpretado por Elisabeth Moss. Con tintes de drama de matrimonio que recuerdan a ¿Quién le teme a Virginia Wolf?(1966) pero con una apuesta acerca de lo real y lo ficcional dentro del mundo de la autora.
La verdad es que no le destino tanto tiempo al cine mudo como debería. Y Napoleón(1927) volvió a demostrar lo errado que estoy. Es indescriptible el nivel de producción que tiene la obra (lamentablemente incompleta) de Abel Gance. Hoy no me alcanza una sola imagen que para ilustrarla. Desde la guerra de bolas de nieve y la pelea con almohadones de plumas, pasando por la primera vez que se canta La Marseillaisa y el sitio de Toulón, hasta los fantasmas de la Convención y el tríptico final, todo es increíble, gigante, magnánimo.
Por la extensión creí que iba a contarme toda la carrera, hasta su caída como emperador, pero apenas llega a la campaña en el norte de Italia (mucho antes incluso de ir a Egipto). La película busca contar hasta los más mínimos detalles (aclarando cuando se trata de diálogos verídicos) y sin embargo deja afuera escenas de contemplación (imitando el cuadro de Friedrich con Napoleón en las costas de Córcega frente al sublime mar (no es el único momento que intenta imitar cuadros, también se encarga de representar su propia versión de la muerte de Marat)) o momentos sumamente alegóricos de Napoleón como el gran líder de la Revolución.
Las facciones de Albert Dieudonné recuerdan a las de un joven Klaus Kinski, tosco, de mente retorcida pero sumamente agradable cuando debe (al jugar con los hijos de Josefina por ejemplo), y si bien no escuchamos su voz, la música lo eleva y me dan ganas de unirme a sus filas sin dudas. ¿Se tratará de una película propagandista? Tengo mis dudas, pero si ese fue su objetivo, conmigo lo ha logrado.
La copia que vi en Mubi es del British Film Institute y dura 333 minutos, se conserva muy bien y permite ver los rostros en segundo plano con toda nitidez. La banda musical es excelente utilizando variaciones de La Marseillaisa (compuesta por Carmine Coppola)y con un par de sonidos sincrónicos como pueden ser ciertos cañonazos.
La camaradería de dos héroes que mantienen sus diferencias y sin embargo se guardan cariño está muy presente en Me llaman Trinity (1970), un eurowestern donde lo central es entretener y dejar de lado todos los prejuicios. Así como confiamos en que Asterix es imbatible al beber su elixir pero que no solo ello lo caracteriza, Trinity hace lo mismo con y sin su pistola; a diferencia de su hermano, quien claramente parece haberse caído de chico dentro de la marmita de Panoramix, por más que al personaje de Bud Spencer le peguen con una mesa en la cabeza, estará listo para darse vuelta y devolver el tortazo.
Lamentablemente no pude encontrar la versión es italiano y me conformé con verla en inglés.
Esta semana también seguí con el cine checo viendo la inenarrable Valeria y la semana de las maravillas (1970). Lo que da para seguir hablando pero por hoy dejo acá.






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