domingo, 25 de octubre de 2020

Manejo dos hipótesis, y en ambas el hippie está muerto

Luego de haber visto Showgirls(1995), vi el documental de este año You Don't Nomi donde se analiza (no tan a fondo) la película de Verhoeven. Como destacaron en Hoy transnoche (de donde me surgió ver ambos films), este extra de DVD posiciona a la película como de culto pero dividida, por un lado lo que la consideran una obra maestra y por otro una película tan mala que es buena, poniendo en evidencia mucha gente que se ríe de la película pero que a la vez le encuentra un disfrute. 

Dejando la película de lado, de un tiempo a esta parte se estuvo hablando bastante de consumo irónico. Partiendo de que miro algo que es objetivamente malo y lo hago para burlarme, reírme de sus fallas y defectos. Actividad que sólo puede funcionar en compañía, para sentirse superior y quizás nunca llegue a hacer algo de ese nivel ni intentándolo. Y esto puede llegar a un punto bastante vergonzoso, sin ir más lejos lo que pasaba con The disaster artist(2017) donde Franco y sus amigos se burlar de una persona que le puso mucho entusiasmo para llegar a cumplir su sueño (aunque el tiro le haya salido para el lado contrario). Y no me dio tanta pena la película en sí (que la vi en su estreno a sala llena con gente que amaba The room(2003), repitiendo los diálogos) hasta el momento en que James Franco va a recibir el premio y se comparta de una forma muy condescendiente con Tommy Wiseau. 


Otro día seguiré con el consumo irónico pero ahora me quiero concentrar en un guionista/director que mencioné hace algunas semanas con su último estreno. ¿Qué sucede cuando vemos algo supuestamente complicado solo para tener la satisfacción de entenderlo? Parece ser un juego bobo, pero cada tanto nos encontramos con un cine que está construido con ese objetivo, y si vamos a Kaufman esperamos encontrarnos con eso, con un desafío. Al ver Anomalisa(2015), el juego es muy corto, como si el laberinto tuviera el camino marcado. Me gustó algo que escribió Roger Koza a partir de Pienso en el final(2020) donde comparaba el ejercicio con un crucigrama, que no invita a muchas más lecturas que esa, donde la satisfacción de resolverlo dura poco y con el tiempo no queda nada. El truco en la película animada se revela al llegar al primer tercio, y quizás soy un mal espectador (o no soy el que espera la película) pero durante el resto del film no llegué a empatizar con el protagonista. Entonces pongo en la balanza, cuánto de truco y cuánto de emoción. En definitiva, el truco me distrae. 



Se estrenó en Cinear Tengo Miedo Torero(2020), una coproducción con Chile, protagonizada por mi actor chile preferido, el señor Alfredo Castro, que si bien lo vi poco, siempre me ha deleitado con su interpretación. Siempre en un registro diferente, acotado a su personaje. Tanto que me dieron ganas de rever Rojo(2018) y lo terminé haciendo.


Hace ya bastante que decido ver películas nuevas (no vistas) antes que repetir y ver por enésima vez Shrek 2(2004)(aunque no voy a negar que la miro una vez al año). En parte porque me obliga a salir de mi zona de confort y poder sorprenderme con temas nuevos. Sin embargo, me he tomado el tiempo esta semana de revisitar películas todos los días. Tres de ellas las vi por primera vez en el cine hace un par de año: la ya mencionada Rojo(2018), Lalaland(2016) y Vice(2018). Debo admitir que las disfruté tanto como en el cine, pero a la vez extrañé mucho ir al cine. Las tres tienen un aspect ratio (cercano al 2,39:1) con unos letterbox importantes. También volví a una película que deje de rever cuando perdí la costumbre del zapping: Escuela de Rock(2003), de forma muy ligera y agradable sigue robando más de una risa. Por último, volví a The Pirates!(2012), el disfrutable stop-motion de plastilina del estudio Aardman. Si bien en su momento no me pareció gran cosa (ni siquiera recordaba la trama), con el tiempo encontró su lugar (aunque ya no esté en Netflix) y supe valorar su solidez. 



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