Volví de una prolongada pausa (cinéfila) con la sensación de que me lo primero que me había quedado en el tintero fue el docurock estrenado por Netflix: Rocanrol cowboys(2020) sobre la carrera musical de Los Ratones Paranoicos. Luego de haber visto Rompan Todo(2020), necesitaba algo más puntual, un documental que me dejara entrar en la vida diaria de una banda de rock local. Poderlos verlos ensayar, entender las internas, las idas y venidas, tener una cronología más clara sobre la historia de la banda. Este documental lo logra y muy bien.
Trajo consigo dos consecuencias: la primera, escuchar una semana varios discos de la banda; la segunda, hacer el chiste obvio de confundir a Juanse con Pomelo.
Volví también con ganas de revisar los DVDs y la copia de Y la nave va(1983) se iluminó en la gran pila. Lamentable la edición dejaba mucho que desear, apenas unas fotos del rodaje como material extra y la calidad de imagen, pésima. Pero las ideas del poeta se mantiene firme. Las acciones se van desarrollando sin parecer tener un hilo alguno y justamente ahí radica su magia. Si bien el elemento que cambia el rumbo (literal) es casi digresivo, es un choque de realidad efectivo.
Lamentablemente no conozco tanto del mundo de la ópera italiana (y de la ópera en general) como para entender a qué personajes parodia.
Febrero y marzo están dedicados a seguir la temporada de premios (hasta donde se pueda). Este año presenta una anomalía (y supongo que no sólo para este campo). Por un lado, están corridas las fechas en el calendario, es decir, la mayoría se retrasaron. Y por el otro, el acceso a las películas es mayor, ya sea porque se exhibieron en festivales online (y por lo tanto son fácil de piratear) o porque están en los principales servicios de streaming (todavía más fácil de piratear). Arranque con un par que fueron de mi agrado y una tercera que no sé sinceramente si va a estar nominada a algo.
Tanto Sound of metal(2020) como Nomadland (2020) se encargan de seguir un proceso de ¿superación?¿duelo? interno. Cada uno tiene su camino, varios gurúes y algún que otro amor no correspondido. Con una narración sencilla es posible entrar en el mundo de cada personaje. Algo contrario para con El diablo a todas horas(2020) donde la concatenación de eventos hacen que se pierda el interés, aunque está claro que el tema corre por otro lado, resulta forzado el cruce de las tramas.
Creo que hay que volver películas de nuestra infancia, constantemente, incluso a aquellas que despreciamos, que consideremos que no eran para nosotros o que simplemente era para chicas. Queramos o no, Crepúsculo(2008) fue un constructor de modelos importante para las preadolescentes cuando yo transitaba ese momento incómodo de pelos por todos lados y hormonas a flor de piel. Repetir hasta el hartazgo que Robert Pattinson no era buen actor, sólo una cara botina quizás simplemente demostraba mi envidia por no causar la misma impresión o cautivar el mismo interés que un vampiro adolescente. Por suerte el tiempo me demostró lo equivocado que estaba: Pattinson es un actor del carajo.
Gracias a una amiga, descubrí que tenía pendiente la primera película de Argentina Sono Film, en la mejor calidad que Youtube pudo darme, corrí a ver ¡Tango!(1933), más que un intento de musical, un rejunte de temas reconocidos del género al que alude el título y una trama con la excusa de enmarcarlas. Sinceramente, me quedo con Los tres berretines(1933).
Seguí desordenadamente con una saga de catorce películas japonesas. La segunda que veo, se llamó Kaijû daisensô(1964) o como se debe haber estrenado en Argentina: Godzilla contra los astromonstruos (aunque no tengo forma de chequear este dato de momento). Si bien no termino de encontrar la gracia a repetir la trama una y otra vez con alguna que otra variación, pero ver luchar a estos monstruos gigantes resulta hipnótico. Gracias a Criterion Collection esta saga se puede apreciar en una calidad increíble.
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